miércoles, 1 de noviembre de 2023

Rolvember2023 - Día 1: Oasis

Quizás te preguntes qué es eso del "Rolvemeber2023", pues bien, se trata de una iniciativa creativa propuesta por la revista Oasis, la revista anual dedicada a los juegos de rol de Pórtico (la Asociación española de fantasía, terror y ciencia ficción, y que podéis conocer aquí) . Y con el Rolvember nos invitan a ¡Crear! Nada más y nada menos, con una palabra (o conjunto de palabras) para inspirar algo rolero cada día: una semilla rolera, una aventura, personajes, monstruos, lugares... 

En mi caso, mi mente ha volado a Ashay, el mundo donde he crecido como jugadora de rol y el lugar no existente que más feliz me hace. Allí he sido tantas cosas  y he vivido tantas vidas que no podía menos que homenajear el mundo creado por Alejandro Torres que no fuera con una serie de relatos de tintes roleros, como la novela de fantasía épica de la que soy co-autora junto a Alejandro, "Las Piedras del Caos I: Ego" y "Las Piedras del Caos II: Corrupción". 

Solo espero que tengas preparadas tus botas, tu mochila de aventurero y las ganas de adentrarte en Ashay.

¡Aquí os dejo el relato del día 1: Oasis! 



1.      OASIS

La tormenta arreciaba sobre el niño bárbaro. Cubría sus pestañas de escarcha y sus pequeños pies comenzaban a congelarse sin remedio alguno. Yacía acurrucado bajo algunas pieles que había logrado arrebatar a los cadáveres esparcidos a su alrededor. Un rayo iluminó la noche unos instantes. El niño no tuvo tiempo de cerrar los ojos para no ver la escena: la nieve empapada en sangre, caballeros de Tílcem caídos y bárbaros masacrados. El trueno que acompañó al relámpago ahogó el grito del niño, quien intentó refugiarse todavía más debajo de aquellas pieles que olían a sudor, ganado y sangre.

      Sabía que entre los muertos estaba su familia, pero por más que buscara en su pequeño pecho, no encontraba pena o remordimiento alguno. Eran mala gente. Le trataban mal, le gritaban, le daban el peor pedazo de comida, con suerte. Sobre todo, su padre. Era un salvaje y no sentía nada por él, se repitió el niño una y otra vez. Se acurrucó todavía más mientras se preguntaba si aquello era lo que significaba «hacerse mayor». Quizás, como sus hermanos, sus sentimientos se habían muerto.

      Por encima de la lluvia, cada vez más fuerte, y de los truenos, escuchó demasiado cerca y quizás demasiado tarde, las pisadas de las botas que se acercaban. El corazón se desbocó, loco de miedo.

      —¡Señor! ¡Aquí!

      El chiquillo cerró los ojos. Pisadas, carreras, relinchos de caballo. Un sonido sordo, el de alguien que desmontaba y caminaba hacia su miserable escondite.

      —Es un niño, mi señor…

      —¿Un niño? ¿Está vivo? —preguntó una voz más grave.

      —No lo sé —respondió el primer hombre, con la duda flotando en sus palabras—. No me he acercado por si… por si resulta que es peligroso…quizás…

      —¿Un niño, peligroso? No sé cuántas barbaridades más voy a tener que aguantar hoy —bufó el segundo hombre.

      Se encogió cuando el viento y la lluvia golpearon por momentos su espalda. Hacía más frío todavía y se encogió un poco más, como si quisiera reducir tanto su tamaño hasta el punto de desaparecer de la vista de quienes lo observaban. Alguien descubrió su rostro oculto por las pieles y los restos de ceniza y el niño reunió todo el valor de sus ancestros para abrir los ojos.

      Una mirada azul como el cielo del medio día se encontró la suya. A pesar de la oscuridad de la creciente noche, pudo ver que se trataba de un hombre enjuto y alto como una montaña, con una barba más canosa que castaña. Tenía sangre seca encima de la ceja y en un lateral del labio.

      —Por la Luz… es idéntico a mi chico...

      El rostro del hombro palideció mientras hablaba y el niño percibió que ya no parecía ni tan alto ni tan fuerte. No le daba miedo. De hecho, parecía tan asustado o más que él.

      —Señor —un caballero recién llegado interrumpió, no sin cierto apuro—. No podemos quedarnos mucho más. Ya hemos retirado a los heridos y deberíamos volver antes de que la tormenta amaine y se haga noche cerrada.

      —Está bien, id montando —respondió el hombre sin ni siquiera mirarlo—. Enseguida os alcanzo.

      Estiró la mano hacia el niño, despacio y con cautela. No porque temiera que aquel pequeño bárbaro le hiciera algún daño, al contrario, parecía temer ser él quien provocase el miedo.

      —Ven conmigo, chico, tendrás una buena vida. —Susurró, apenas en un sonido audible por encima del viento—. Seremos felices, te lo prometo.

      El muchacho ya no tenía nada, ni nadie, ni siquiera sentimientos dentro de él. Solo frío y hambre, y ganas de dormir durante mucho, muchísimo tiempo.

      Estrechó la mano de aquel desconocido, quien se aferró a él con fuerza al momento para sacarlo de su refugio. Lo tomó en brazos y lo envolvió en su propia capa, cálida y abrigada. Olía a velas y a comida recién hecha. Montó y lo acomodó un poco más entre sus brazos, ante la atónita mirada de los caballeros que lo acompañaban.

      —Volvamos a casa.

      Nadie dijo nada. Se pusieron en marcha en silencio, cansados, doloridos y ateridos de frío. El trote comenzó a acunar al niño y de repente un sentimiento se abrió paso entre la nada: estaba seguro, podía dormir. Comenzó a llorar, no por miedo o tristeza; lloraba porque volvía a sentir algo dentro de él después de toda la muerte, el horror y la desesperación.

*

      —Asgoth… ¡Asgoth!

      La voz de su amigo Árvak le hizo reaccionar y asumió que debía dejar de estar perdido en sus recuerdos.

      —¿Estás bien? —Árvak insistió un poco más.

      Habían hecho un alto en el camino, a la sombra de unos árboles en una hondonada, al sur de Kúrnik. Allí les había llevado la búsqueda de una de las Piedras del Caos.

      —Sí, perdona, me acordaba de mi padre, nada más —respondió Asgoth mientras esbozaba una leve sonrisa.

      Árvak apoyó la mano en su hombro mientras se levantaba y le ofrecía la mano. Habían crecido juntos, en Tílcem, y se había convertido en un hermano para él, sin necesidad de compartir sangre. Asgoth se dio cuenta en ese momento de algo.

      Aquel era, y siempre sería, sin importar todo lo que el Caos quisiera arrebatarle, su oasis.

 


3 comentarios:

  1. ¡Hola, Shanaide! He leído tu relato porque yo también he decidido hacer el #rolvember2023 y porque lo he visto en el Insta de Pórtico (o de la Oasis, no recuerdo), y quería decirte que me ha emocinado. Creo que ha sido el choque entre presentar al inicio al niño omp niño cuya familia ha sido asesinada delante de él y, después, el giro que revela que no los quiere porque le trataban mal. Creo que lo primero me hizo sentir pena por él, una pena más reconocible, y entonces lo segundo me ha pillado por sorpresa y me ha dado incluso más pena. Qué triste (para mí, que tengo una relación con mi familia de cariño) la idea de un niño al que su familia trata tan mal que no le duele cuando los asesinan. ¡Gracias por la emoción!

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    1. ¡Hola! ¡Muchísimas gracias por leerme y dejarme este comentario tan bonito! Me alegra mucho haber logrado emocionarte con este relato y que sintieras tantas emociones una detrás de otra. ¡Me anima mucho a continuar el reto! Te deseo toda la inspiración para ti también si lo estás haciendo ;) si lo estás subiendo a algún sitio o se puede leer / ver dímelo que estaré encantada de seguir el tuyo también

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    2. ¡A ti por escribir! Me alegro de que te haya agrado el comentario. Lo mío no es nada tan elaborado como lo tuyo, solo es un tuit largo al día escribiendo un breve texto de worldbuilding (es decir, describiendo alguna cosa de uno de varios mundos ficticios que quiero desarrollar, cada tuit sobre uno de esos mundos). Es en gallego y lo publico en mi cuenta en Mastodon, usando el hashtag #rolvember2023 (somos algo más de media docena de personas haciéndolo, un par de nosotras en gallego). Te dejo un enlace, que se puede leer sin problema, por si aún así tienes curiosidad: https://mastodon.gal/@viriato/111335204455085906

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